Me recuerdas al mundo
en su momento de sosiego
agazapada entre mis brazos
soñolienta y virgen
tus ojos dos luceros
que iluminan la luna, el lecho.
Tu pecho hoguera
de dos llamas ardiendo.
Tu boca en silencio
cueva pidiendo que grite dentro.
Tus muslos dos velas
derretidas por el fuego de mis dedos.
Cuerpo de mujer, blanca piel
que ansío beber sin límite.
